Semana del Estudiante

Publicado: 23 noviembre, 2010 de Marcos Rubén en Centro de Estudiantes

Proyecciones de la Semana del Estudiante (clic para ampliar)

Desde su origen, estudiante tiene que ver con acción, es un término que proviene de palabras antiguas que indican a aquel que se esfuerza en algo, el verbo griego Spudatzo y en latín “studere” que quiere decir “poner celo en” . Más adelante fue atribuido a aquellos que buscan la verdad y se esfuerzan para encontrarla, en un principio relacionada con Dios, la verdad divina y, posteriormente, en cualquier área del conocimiento para, finalmente, atribuirla a todos aquellos que leen y aprenden conocimientos de áreas determinadas, siempre asociado a un gran afán, a un enorme empeño en ese proceso de búsqueda. De una época en la cual el conocimiento estaba asociado a la iluminación, cuando la relación con el maestro significaba un encuentro con LA VERDAD, el proceso de formarse era el de la revelación, de comprender el mundo, en lo terrenal, lo mental, lo emocional y lo espiritual. Por eso estuvo vinculado siempre en un principio con la ética, pues no se podía alcanzar conocimiento sin transformarse como persona y desear, y construir, un mundo mejor.

A pesar de la mediocridad en la cual corremos siempre el riesgo de caer, aún podemos rescatar el alma de esa primera definición. Los estudiantes a lo largo de la historia hemos demostrado que sí tenemos en nosotros la posibilidad de cambiar el mundo, si creemos en nosotros y no permitimos que lo peor del mundo nos alcance y nos cambie a nosotros. Somos presente y futuro, somos crítica, somos cambio y diversidad, somos pasión, defensa y ataque. Podemos ser fácilmente una herramienta para la manipulación y represión, pues el ardor y las ganas de construir un cambio son atractivas para quienes buscan nuestra fuerza nuestra energía, como combustible para sus propios objetivos. Ojalá nunca nos convirtiéramos en masa ni en rebaño, sino que permanezcamos unidos desde nuestra individualidad crítica, para atender a nuestra profunda necesidad de comprender y transformar el mundo en que nos ha tocado vivir.

Con este deseo, creemos pertinente recordar el sentido original de la celebrada Semana del Estudiante.

Dos eventos históricos son precursores de la designación de una fecha en honor al estudiante, uno de ellos es lo que se conoce como “Generacion del 28”. Así se llamó a un grupo de estudiantes universitarios que protagonizaron en época de carnaval, en Caracas de 1928 un movimiento de carácter académico y estudiantil que derivó en un enfrentamiento con el régimen de Juan Vicente Gomez. Lo que inicialmente fue un proyecto restringido al ámbito de la Universidad Central, se transformó en una propuesta de todo un colectivo nacional, destinada a la modificación del sistema político venezolano de comienzos del siglo XX.

En un primer momento, los jóvenes que ingresaron en la Universidad Central de Venezuela entre 1923 y 1925, tomaron la iniciativa de reconstituir los centros de estudiantes pertenecientes a las facultades de Medicina, Derecho e Ingeniería. Luego como paso siguiente promovieron el restablecimiento de la Federación de Estudiantes de Venezuela, organismo coordinador de todos los centros de representación estudiantil, hasta entonces suspendido por una disposición que databa del gobierno de Cipriano Castro.

Como parte del proceso de reactivación de la Universidad Central en aspectos mas allá de los netamente académicos, se organizó en el carnaval de 1928 una “Semana del Estudiante” donde destacó un desfile desde la Universidad hasta el Panteón Nacional, en homenaje a los próceres de la Independencia y una Concentración juvenil en La Pastora.

El gobierno decidió poner fin a los actos conmemorativos debido a una serie de “actos irrespetuosos” como la lectura en público de un poema por parte de Pío Tamayo y la ruptura de una lápida en honor a Juan Vicente Gomez por parte de Guillermo Prince Lara. Estos líderes fueron encarcelados por su irreverencia, lo cual desató una sorpresiva actitud solidaria en el resto de los estudiantes, quienes, frente a lo que consideraban un injusto cautiverio, se entregaron masivamente de manera voluntaria a la policía, maniobra que desconcertó completamente a los cuerpos represivos. El Gobierno los trasladó al Castillo de Puerto Cabello, permaneciendo allí detenidos 214 estudiantes, durante 12 días, hecho que hasta entonces nunca había ocurrido en el país. Por su parte, La Universidad de Los Andes reaccionó casi de enseguida frente a los sucesos, lo que sirvió de acicate para que en las principales ciudades se levantara una ola de protestas que hizo ceder al gobierno, quien finalmente los liberó. Este hecho fue bastante significativo, ya que la sociedad venezolana que hasta ese momento había mostrado una actitud sumisa frente a la dictadura gomecista, se atrevió a imaginar la posibilidad de la lucha contra la tiranía y la puso en práctica en un campo novedoso para un caudillo como Gómez: la Calle.

Años más tarde, el 21 de noviembre de 1957, ya en el gobierno de Marcos Perez Jimenez, algunos estudiantes caraqueños se declaran en huelga como protesta contra la dictadura y el anuncio de la reelección a la presidencia del General. Esta huelga estuvo precedida por protestas promovidas por los estudiantes de los liceos Fermín Toro, Aplicación, Juan Vicente González, Andrés Bello, Razetti, Caracas y la escuela Miguel Antonio Caro.

 

La huelga estalla en la Universidad Central de Venezuela, desde donde se extendió a otras Universidades. En la Universidad Católica Andrés Bello los estudiantes quemaron la Ley Electoral, un ejemplar del diario “El Heraldo” y un retrato de Pérez Jiménez.

 

La huelga estudiantil produjo una serie de comunicados que repartieron en volantes y panfletos durante varios días en todo el país. Pese a que la Seguridad Nacional tomó la Universidad Central, apresó a numerosos estudiantes y cerró los centros de educación superior, el movimiento juvenil tuvo tal éxito que fue uno de los desencadenantes de un clima de insatisfacción e inestabilidad social que concluyeron con la huida del dictador Marcos Pérez Jiménez.

El 21 de noviembre se consagró como Día del Estudiante, por la gesta cumplida en las Universidades, particularmente en la Universidad Católica Andrés Bello y en la Universidad Central de Venezuela, escenario admirable de la jornada de esa fecha.

Para celebrar la semana del Estudiante, cine club ofrecerá un ciclo referente al tema, se presentarán cuatro películas que en diferentes contextos, muestran la fuerza de la juventud y sus posibilidades creativas, así como el espacio de la escuela como encuentro con otras verdades, las que son buscadas y construidas, en alternativa a las verdades impuestas.

Violeta Parra

¡Que vivan los estudiantes,

jardín de las alegrías!

Son aves que no se asustan

de animal ni policía,

y no le asustan las balas

ni el ladrar de la jauría.

Caramba y zamba la cosa,

¡que viva la astronomía!

 

¡Que vivan los estudiantes

que rugen como los vientos

cuando les meten al oído

sotanas o regimientos.

Pajarillos libertarios,

igual que los elementos.

Caramba y zamba la cosa

¡vivan los experimentos!

 

Me gustan los estudiantes

porque son la levadura

del pan que saldrá del horno

con toda su sabrosura,

para la boca del pobre

que come con amargura.

Caramba y zamba la cosa

¡viva la literatura!

 

Me gustan los estudiantes

porque levantan el pecho

cuando le dicen harina

sabiéndose que es afrecho,

y no hacen el sordomudo

cuando se presenta el hecho.

Caramba y zamba la cosa

¡el código del derecho!

 

Me gustan los estudiantes

que marchan sobre la ruina.

Con las banderas en alto

va toda la estudiantina:

son químicos y doctores,

cirujanos y dentistas.

Caramba y zamba la cosa

¡vivan los especialistas!

 

Me gustan los estudiantes

que van al laboratorio,

descubren lo que se esconde

adentro del confesorio.

Ya tienen un gran carrito

que llegó hasta el Purgatorio

Caramba y zamba la cosa

¡los libros explicatorios!

 

Me gustan los estudiantes

que con muy clara elocuencia

a la bolsa negra sacra

le bajó las indulgencias.

Porque, ¿hasta cuándo nos dura

señores, la penitencia?

Caramba y zamba la cosa

¡Qué viva toda la ciencia!

(1960-1963)

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