¿Educastración o Educreación?

Publicado: 2 octubre, 2012 de Marcos Rubén en Breves Informativas, Centro de Estudiantes

Educar es una actividad contradictoria. Es domesticar y es liberar. Es ir tejiendo la camisa de fuerza del conformismo: ir colando en repetidas dosis el veneno de la obediencia, hasta que se haga costumbre. Pero es también entregar la llama del pensamiento, esa candela irrefrenable que hiere cualquier oscuridad.

Para la sociedad, la educación es un mecanismo estabilizador imprescindible. Por eso la financia. Un engranaje que debe moler poco a poco la disidencia, de modo que al final salgan adultos tranquilos y útiles, conformes y eficaces. Allí han de adquirirse los saberes técnicos requeridos por la economía, por el trabajo. Y también han de obasorberse -como por ósmosis, de manera casi inconsciente- los hábitos, los valores, las esperanzas, que convienen al funcionamiento ininterrumpido de esa sociedad. Un entrenamiento que termina de hacernos aceptar como normales las injusticias, las opresiones y represiones que sustentanel poder existente. Así podemos funcionar en paz, aportar día a día nuestra cuota al mundo adulto sin protestar demasiado. Así podemos acallar el sordo malestar que a veces interrumpe la rutina. Irnos a la playa, hacer puente o ver televisión y continuar después sin darnos cuenta ejrciendo tranquilamente la complicidad.

Los profesores contribuimos a esa domesticación, casi siempre sin saberlo. Por eso nos pagan. Cuando imponemos nuestra autoridad, cuando practicamos una evaluación punitiva, cuando permitimos -o propiciamos con sadismo incosciente- que la educación se vuelva pugilato por aprobar o aplaza asignaturas. Educastración en vez de Educreación.

Pero “hay luz en la caverna” -por usar el título del viejo libro de Eugenio Imaz. Aunque se puede enseñar a pensar, la luz está siempre cerca, por ahí, a punto de encnderse. Aún la docencia más rutinaria -reducida a mera transmisión de conocimientos- se nutre sin saberlo del milagro del pensamiento. Basta erigir esa pregunta que en el alemán inapelable de Heidegger suena como un látigo: Was in denken? ¿Qué es pensar?, para entrar en agua honda, en tierra movediza, en inquietante aventura. La crítica, la inconformidad, la inventiva, el brillo incontenible de la inteligencia son habitantes inevitables del mundo educativo. Aunque a veces no se vean. Esa llama inextinguible está ahí y siempre se puede rescatar.

No es difícil identificar un mal profesor. Eso que llaman un “pirata”. ¿Y uno bueno? Muchos creen que un buen profesor es quien prepara con esmero sus clases y transmite conocimientos con claridad y orden. Yo digo que no. Eso no basta: Quienes solamente hacen eso son a lo sumo -si lo hacen bien- “facilitadores”. Practican un “paternalismo populista” docente. Fingen que enseñar es esconder las dificultades, convertir lo duro en papilla fácil de digerir. Y tratan al estudiante como analfabeta, ya que lo acostumbran a que el profesor lee por él y le presenta en fáciles esquemas lo que debieron obligarle a trabajar, a escudriñar directamente. Gran engaño disfrazado de “buena docencia”.

Buen profesor es quien no sólo prepara, sino se prepara toda su vida para que las clases salgan. Quien investiga con ansiedad y contagia esa inquietud. Quien enseña sus propios hallazgos e incita a cada quien a hacer los suyos. Quien en vez de refugiarse en un mediocre saber terminado, conquistado por otrs en el pasado, e impuesto como aprendizaje forzoso, prefiere abrir las puertas del pensamiento para salir a la intemperie del porvenir, al descampado de la perplejidad, al riesgo de la búsqueda compartida. Quien sabe que aprender es más importante que enseñar, y no lo oculta. Quien tiene su propia visión de la disciplina que enseña, obtenida a fuerza de nadar a fondo en las aguas difíciles de la investifación, sin mantenerse prudenteente a flote, aferrado a las cómodas boyas que ofrecen los libros de otros, los tabajos de otros. Por eso docencia sin investigación es una farsa. Porque sólo juntándolas se puede -condición necesaria, aunque no suficiente- acentuar el lado emancipador de la educación y disminuir su componente opresivo.

Yo quiero creer que los graduandos de hoy nos eligieron como padrinos porque vieron en nosotros esa luz, esa inquietud, esa fecunda inseguridad. Si es así, permítanme agradecerles con fevorosa alegría en este día de júbilo. Y permítanme hacerles una petición: No sean solo profesionales, sean insomnes buscadores de verdades. No sean habitantes frívolos del sofocante mundo de la rutina; critiquen, rebélense. Sean útiles sin ahogarse en el conformismo. Sin estrellarse, vayan contra la corriente cuando lo crean justo y necesario. No acepten las sedicciones de los amos. No sean autómatas, sean humanos.

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comentarios
  1. María dice:

    🙂 Buen artículo…

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